jueves, 28 de agosto de 2008

Comer fibras reduce las grasas y el colesterol

Para reducir el riesgo cardiovascular es importante el consumo de una dieta más elevada en fibras: legumbres, hortalizas, diferentes cereales enteros y frutas. Todos contienen vitaminas, minerales y fitoquímicos.

En un estudio realizado en los Estados Unidos, un grupo de hombres que comieron diariamente dos bols de cereales con elevados porcentajes de fibras, durante 12 semanas, redujeron sus niveles de colesterol y grasas.
Para el estudio, realizado por la Universidad de Colorado, se eligeron a hombres de entre 50 y 75 años de edad. Ellos comieron cereales calientes y fríos en el desayuno y las colaciones e incorporaron más cereales hasta completar los 30 gramos diarios.
En el período de doce semanas se registró una caída promedio del 10% en la grasa absorbida (de 91 a 82 gramos) y se redujo el equivalente en calorías de la grasa del 32 al 28%. Las grasas saturadas cayeron a menos del 10% de la ingesta de calorías totales y el colesterol dietario bajó en un 31%, de 374 mg. a 239 por día.
El aporte de calorías fue el mismo pero la mejora en la cantidad de grasas y de colesterol se tradujo en un menor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Los hombres de este estudio consumieron avena, elevada en fibra soluble, o cereal de trigo, elevado en fibra insoluble. Ambos tipos de fibra son excelentes para la salud.

La fibra soluble (presente en frutas y avena) reduce el colesterol sanguíneo y la absorción de glucosa. La insoluble (que se halla en vegetales en general y trigo) ayuda al pasaje de los alimentos por el sistema digestivo y hace más fácil el movimiento intestinal.

Fuente: American Heart Association - Healthy News

sábado, 9 de agosto de 2008

Brócoli contra la diabetes

Según un estudio publicado en la revista Diabetes, la ingesta de brócoli podría ayudar a eliminar los daños por la diabetes en los vasos sanguíneos cardíacos. La clave de este efecto beneficioso para la salud estría en un componente de ese vegetal llamado sulforafano, que estimularía la producción en enzimas protectoras de los vasos sanguíneos y ayudaría a disminuir los altos niveles de moléculas que afectan gravemente a las células.

De acuerdo con la investigación de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, el sulforafano activa una proteína conocida como nrf2, que protege a las células y los tejidos al activar enzimas antioxidantes y detoxificantes.
Los enfermos de diabetes son cinco veces más proclives que el resto de la población a padecer enfermedades cardiovasculares y ataques cardíacos.
Tradicionalmente, vegetales del tipo Brassica, como el brócoli, han sido considerados benéficos para la salud al reducir el riesgo de ataques cardíacos y apoplejías.
Paul Thornalley, quien encabezó la investigación, expresó: "Nuestros estudios sugieren que un compuesto como el sulforafano presente en el brócoli podría ayudar a contener el proceso asociado al desarrollo de enfermedades vasculares en diabéticos".
Para el doctor Ian Frame, director de Investigaciones de la organización británica Diabetes UK, aún es muy pronto para asegurar que el brócoli beneficia a los vasos sanguíneos.
Sin embargo, "es alentador comprobar que el doctor Thornalley y su equipo han identificado una sustancia que potencialmente podría proteger y reparar los vasos sanguíneos", manifestó el doctor.
Frame añadió: "Esto también aporta más datos a la discusión científica sobre las bondades del consumo de brócoli".


Sobrepeso y problemas en bebés

Nuevos estudios indican que las consecuencias del sobrepeso aparecen en edades mucho más tempanas que lo que se suponía. Situaciones como retraso en el desarrollo y problemas respiratorios se dan como consecuencia del exceso de peso en la infancia y la niñez.

Asi lo afirman dos estudios desarrollados en el Centro Médico Bnai Zion, en Haifa, Israel.
El jefe del equipo, el Dr. Ron Shaoul, indicó que "hay que intervenir durante esos años críticos a través de hábitos alimentarios adecuados y un estilo de vida activo".
El primer estudio incluyó a 2.139 bebés de hasta 2 años hospitalizados en el Centro Médicopor cualquier motivo entre el 2004 y el 2005.
El segundo estudio fue poblacional e incluyó entrevistas con padres para evaluar la salud de 79 bebés con sobrepeso y 144 bebés con peso normal.
Los bebés tenían sobrepeso cuando el índice de masa corporal (IMC) superaba el percentil 85 para la relación entre la talla y el peso en dos o más mediciones, con un intervalo de por lo menos 3 meses. Esto significa que el 85 por ciento de los niños de esa edad y género tiene un IMC menor.
En el primer estudio, el equipo halló que los bebés entre los percentiles 85 y 94 para la talla y el peso tenían menos hospitalizaciones y rehospitalizaciones que aquellos con peso normal.
Con todo, se registraron tasas más altas que lo esperado en la mayoría de los bebés con sobrepeso (percentil 95 o superior).
En el segundo estudio, el equipo observó que los bebés con sobrepeso eran más propensos que sus pares con peso normal a sufrir retraso del desarrollo y ronquidos.
Asimismo, se obtuvo evidencia de que el asma y otros problemas respiratorios eran más frecuentes en los bebés con sobrepeso.
Al entrevistar a los padres, apenas el 32 por ciento de las madres con un hijo con sobrepeso pensaba que el niño tenía sobrepeso.
Los padres, concluyó el equipo, deben tomar conciencia de que hasta los bebés tienen riesgo de sufrir las consecuencias del sobrepeso y, por lo tanto, deberían hacer todo lo posible para que sus hijos recuperen el peso normal.

FUENTE: Reuters

Dormir poco, engordar mucho

Según un estudio, niños y adolescentes que tienen una hora menos de sueño total tienen el doble de probabilidad de tener exceso de peso.

Eso es lo que indica un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry recordando que en los últimos 30 años se ha triplicado la tasa de obesidad entre los niños con edades de seis a 11 años y que el 17% de los adolescentes en los Estados Unidos ahora tiene exceso de peso o es obeso.
Según esa revista, el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburg, estudió 335 niños y adolescentes, con edades de siete a 17 años, durante tres noches consecutivas, observando el sueño de los participantes mediante la polismonografía, que permite evaluar las distintas fases del sueño.
Los investigadores comprobaron que una hora menos de sueño total está relacionada con una duplicación de las probabilidades de tener exceso de peso, y que una hora menos de sueño con movimientos rápidos de los ojos (Rapid Eye Movement), está vinculada con un aumento de tres veces de esas probabilidades.
"La relación entre el sueño más corto y el exceso de peso podría atribuirse a la interacción de cambios de conducta y cambios biológicos provocados por la privación del sueño", indicaron los autores.
La pérdida de sueño causa cambios en los niveles hormonales que pueden afectar el apetito, y también da al individuo más horas en la que permanece despierto y puede comer.
Además la pérdida del sueño contribuye a la fatiga al día siguiente, lo cual puede disminuir la actividad física y el gasto de calorías.
Dado que el exceso de peso entre los niños y los adolescentes continúa aumentando, y que la insuficiencia crónica de sueño es más común en la sociedad, las intervenciones que hagan las familias y las escuelas para mejorar los hábitos de sueño pueden tener importantes consecuencias en la prevención de la obesidad y la diabetes en los niños, agrega el artículo.
Fuente: EFE

lunes, 4 de agosto de 2008

Comer y mirar televisión

La relación entre ver televisión y las consecuencias que eso provoca en nuestro organismo en términos de obesidad es un tema que ha sido estudiado desde diversos ángulos.
Se ha llegado a calcular por ejemplo que dado que el uso del control remoto impide quemar las dos calorías que implica levantarse para cambiar de canal, un televidente promedio podría ahorrarse las calorías equivalentes a comer una porción de pollo con ensalada y postre con sólo deshechar ese adminículo.
Otra visión nos la da la Universidad de California con el siguiente mensaje:

Otros estudios realizados en los Estados Undios revelaron que mirar televisión más de 2 horas al día podía asociarse con un índice promedio de masa corporal alto, sobrepeso u obesidad, tanto en hombres como en mujeres.
Los adultos que miraban más de 2 horas de televisión por día ingerían grandes cantidades de calorías y de macronutrientes, y eran más propensos a tener sobrepeso. En estos casos, la mayor parte de las calorías ingeridas se obtenían mediante comidas fuera de hora y durante la cena.
Por lo tanto, indicaban que los programas de intervención para prevenir la obesidad, en especial los dirigidos a adultos jubilados o desempleados, debían poner especial énfasis en reducir el tiempo dedicado a mirar televisión y videos, o a participar en otro tipo de actividades sedentarias, y advertir contra la ingesta de alimentos fuera de hora o mientras se mira televisión. (http://www.cdc.gov/pcd/issues/2006/)
Según los investigadores, son tres las razones principales que llevan a que una persona que mira mucha televisión tenga un mayor riesgo de desarrollar obesidad o diabetes del tipo II.
1. Al mirar mucha televisión, se realizan menos actividades físicas, por lo que se manifiesta una reducción del gasto energético.
2. Al mirar mucha televisión, se gasta menos energía, es decir calorías, qué en casi todos los otros tipos de actividades diarias alternativas, como pueden ser escribir, manejar un auto, o leer, ya que estas actividades demandan un mayor trabajo cerebral. Incluso, estar frente al televisor repercute en un menor gasto metabólico que cuando se duerme.
3. Al mirar mucha televisión, aumenta el consumo total de comida y calorías, ya que casi todos los televidentes suelen comer mientras están frente a la pantalla, pero no sólo en gran cantidad, sino también en peor calidad (salados, snacks, etc.).
Este último punto no sólo tiene que ver con la costumbre o el placer que genera comer algo cuando se está frente a la pantalla de la TV, sino también a los cada vez más subliminales e insidiosos comerciales de comidas, dulces y gaseosas.
Es por esto último también que muchos especialistas afirman que, además de aumentar la ingesta de comida, (que casi siempre son también de mala calidad) la TV lleva además a toda una modificación de los patrones alimenticios, lo cual favorece los cada vez más comunes trastornos alimentarios.
Ahora un estudio de de la Universidad de Toronto en Canadá cuantificó el aumento en la asimilación de calorías cuando se come mirando televisión.
En el estudio se probó que niños que miraban los Simpsons mientras comían asimilaban 228 calorías más que si hacían otra cosa.
Una de las conclusiones del estudio es que la televisión invalida la capacidad de saber cuando se debe parar de comer.