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lunes, 14 de noviembre de 2011

El colesterol y los chicos

Ante la epidemia de enfermedades cardiovasculares que enfrenta el mundo, y en particular Estados Unidos donde estos trastornos son la principal causa de muerte, un panel de expertos en ese país está recomendando análisis universales de colesterol para los niños de entre 9 y 11 años.

El grupo, llamado Panel de Directrices Integradas para Salud Cardiovascular y Reducción de Riesgos en Niños y Adolescentes, incluye a médicos y científicos de los Institutos Nacionales de Salud y la Academia Estadounidense de Pediatría.
Los científicos también están recomendando medir los niveles de glucosa para diabetes en niños de 10 años que tienen sobrepeso y otros factores de riesgo de diabetes tipo 2.
Según los expertos, antes de llegar a la adolescencia todos los niños, sin importar su historia familiar o factores de riesgo, deben ser sometidos a análisis de lípidos para medir sus niveles de colesterol LDL o "colesterol malo".
Y posteriormente deben ser sometidos a otra prueba entre los 18 y 21 años, afirman.
"El objetivo de este panel de expertos era establecer directrices basadas en evidencia sobre los riesgos conocidos de enfermedad cardiovascular" afirma el dopctor Stephen Daniels, presidente del Panel y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado en Denver.
"Y ayudar a los servicios de salud pediátrica primaria tanto en la promoción de la salud cardiovascular como la identificación y control de factores de riesgo específicos de la infancia hacia la juventud", agrega.
Cerca de 35% de los niños y adolescentes estadounidenses son obesos o tienen sobrepeso.
Y cifras oficiales muestran que entre 10 y 13% de los niños y adolescentes en este país tienen altos niveles de colesterol.
"Poco chequeados"
Se sabe que el colesterol elevado es uno de los principales factores de riesgo de ateroesclerosis, el estrechamiento de las arterias que conduce a infarto y enfermedad cerebrovascular.
Según el panel, "los factores y conducta de riesgo que aceleran el desarrollo de ateroesclerosis comienzan en la infancia, y cada vez hay más evidencia de que la reducción de ese riesgo retrasa la progresión hacia la enfermedad clínica".
El Panel afirma que algunos estudios en el laboratorio y con animales han demostrado que la mitad de quienes tienen alto colesterol en la adolescencia desarrollan ateroesclerosis siendo adultos.
El doctor Hernán Prat, cardiólogo del Centro Cardiovascular del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, cree que estos análisis son "una buena estrategia".
"Los niños están siendo poco chequeados y debemos considerar todos los problemas que estamos teniendo de obesidad infantil e hipertensión a edad temprana" dice el experto a BBC Mundo.
"Los pediatras no tienen la costumbre de solicitar exámenes de colesterol y tampoco toman bien la presión ni miden otros parámetros desde el punto de vista biológico".
"Y considerando los déficitis alimentarios que tenemos con las comidas altamente calóricas, me parece una buena medida empezar a controlar el colesterol en los niños", agrega el cardiólogo.
Según el doctor Prat, estos análisis son particularmente importantes en los varones antes de llegar a la pubertad, porque se sabe que una vez llegada la adolescencia es más difícil lograr resultados en este grupo sólo con cambios en la dieta.
El panel de expertos estadounidenses está recomendando ofrecer tratamiento de fármacos reductores de colesterol a los niños a quienes se detecten niveles altos de colesterol.
Según el doctor Prat, "si se detectan cifras altas -en valores que han sido determinados- se debe tomar acción, como cambio de dieta".
"Pero si los niveles altos no responden con dieta hay dos fármacos que ya han sido aprobados para el tratamiento de niños con riesgo familiar de hipercolesterolemia", agrega el experto.
No funciona
Hasta ahora la recomendación en Estados Unidos era que sólo los niños con un historial de riesgo de enfermedad cardiovascular, o aquéllos con sobrepeso u obesidad, fueran sometidos a análisis.
Pero este enfoque, dicen los expertos, no está funcionando.
"El escrutinio previo de analizar sólo a la población en riesgo no ha percibido a más de 50% de los niños con colesterol alto" expresa el doctor Patrick McBride, otro de los autores de las directrices.
"La ateroesclerosis comienza muy temprano en la vida, incluso en la infancia en los niños con problemas genéticos de colesterol. De manera que el incremento en el escrutinio es un paso necesario".
Las nuevas recomendaciones aparecen en la revista Pediatrics y serán presentadas durante la conferencia anual de la Asociación Estadounidense del Corazón que se celebra en Orlando.

Fuente: María Elena Navas. BBC Salud

lunes, 8 de marzo de 2010

Un informe indica que los edulcorantes engordan

Un reciente estudio reveló que consumir un alimento endulzado con sacarina sin calorías puede llevar a un mayor aumento de peso y adiposidad que la ingesta de la misma comida edulcorada con azúcar de altas calorías.

Científicos de la Purdue University, en Indiana, estudiaron a ratas a las que se alimentó con el edulcorante artificial llamado sacarina y a roedores a los que se les dio glucosa, un azúcar natural.

En comparación con las ratas a las que se les dieron yogures con glucosa, aquellas que comieron yogures endulzados con sacarina siguieron consumiendo más calorías y aumentaron más su peso y su grasa corporal.

Los investigadores dijeron que los alimentos dulces dispondrían al organismo a incorporar muchas calorías, pero cuando el dulce en forma de edulcorante artificial no es seguido por la ingesta de grandes cantidades de calorías, el organismo se confunde.

Esto podría llevar a que se coma más o a gastar menos energía de lo normal.

"La información indica claramente que consumir un alimento endulzado con sacarina sin calorías puede llevar a un mayor aumento de peso y adiposidad que la ingesta de la misma comida edulcorada con azúcar de altas calorías", indicaron Susan Swithers y Terry Davidson.

El estudio fue publicado en la revista Behavioral Neuroscience, de la Asociación de Psicología Estadounidense.
"Un resultado como este iría en contra de lo que suelen indicar (...) las investigaciones clínicas en humanos y los trabajadores de la salud, que desde hace mucho recomiendan usar endulzantes de bajas calorías o sin ellas como forma de controlar el peso", escribieron los expertos.

Otros edulcorantes artificiales, como el aspartamo, tendrían efectos similares, añadió el equipo.

"Los animales usarían el sabor dulce para predecir el contenido calórico de un alimento. Consumir sustancias dulces sin calorías perjudicaría esa relación predictiva", explicaron los investigadores.

"Con el creciente empleo de endulzantes sin calorías en el ámbito alimenticio actual, millones de personas están expuestas a sabores dulces que no están asociados con consecuencias calóricas o nutritivas", añadieron los autores.

La investigación fue la última que examina la cuestión sobre si los edulcorantes artificiales, usados en muchos refrescos y otros alimentos, ayudan o frustran a quienes intentan bajar de peso. Varios estudios han ofrecido resultados mixtos.

martes, 19 de enero de 2010

Dormir poco duplica el riesgo de sobrepeso en niños

Dormir muy poco duplica el riesgo de los niños pequeños de desarrollar sobrepeso y aumenta las chances de que padezcan ansiedad y depresión en el futuro, informaron investigadores.
Varios estudios publicados en la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine suman evidencia a la idea de que descansar lo suficiente tiene muchos beneficios para la salud.
Investigaciones previas mostraron que los niños mayores y los adultos que duermen muy poco son más propensos a aumentar mucho de peso. Los investigadores dirigidos por la doctora Elsie Taveras, de la Escuela de Medicina de Harvard, revelaron que esto también sucedía en los niños pequeños.
En un estudio que incluyó a 915 niños de Massachusetts, los expertos hallaron que aquellos que dormían menos de 12 horas por día en los primeros dos años de vida eran dos veces más propensos a tener sobrepeso a los 3 años que los chicos que dormían más.
Los niños muy pequeños necesitan más horas de sueño y los que participaron de este trabajo dormían un promedio de 12,3 horas diarias.
"Hay consecuencias para los chicos que no duermen bien, aún a esa edad", dijo Taveras durante una entrevista telefónica. "Esto será importante para ayudar a los padres a aprender cómo mejorar la calidad del sueño de sus hijos", añadió la experta.
La televisión suele empeorar las cosas, dado que los niños que miran dos horas o más por día a los 2 años son más proclives a tener sobrepeso a los 3, indicaron los autores.
Taveras manifestó que lograr que duerman lo suficiente es más difícil cuando el televisor, la computadora y la consola de videojuegos están en el cuarto de los niños.
Los investigadores señalaron que estudios previos sobre adultos y chicos más grandes mostraron que restringir el sueño modifica ciertos niveles hormonales, lo que posiblemente estimula el hambre y el aumento de peso.
Otro equipo de científicos dirigido por Alice Gregory, de la University of London, examinó las consecuencias emocionales a largo plazo de la escasez de horas de sueño en la infancia.
Los expertos reunieron datos sobre 2.076 chicos daneses de entre 4 y 16 años y luego los consultó cuando eran adultos sobre varios síntomas emocionales y conductuales.
Los niños que habían dormido menos informaron más ansiedad, depresión y conductas agresivas en la adultez, indicaron los investigadores.

Fuente: Reuters

sábado, 11 de julio de 2009

Obesidad Infantil en Lazytown

"Cuando era chica, yo era gorda. Me llamaban Fitubolla. Eso puede traducirse como una 'bola gorda'. Yo era descripta, literalmente, como una esfera de grasa. Si esto no era suficientemente malo, no sólo yo era la única gorda en mi clase. Yo estaba convencida de ser la unica chica gorda en todo mi colegio. Yo era una rareza, porque cuando yo estaba creciendo, los chicos en Islandia simplemente no eran obesos."
"Obviamente, dado que yo era rara, such a bizarre sight as I waddled past my lithe classmates, I got the standard wave of schoolyard bullying. After all, I was isolated because I was different. Si yo creciera en Islandia ahora, habría una historia muy distinta a mi alrededor".
Esta semana fue anunciado que uno de cada 5 chicos de entre 7 y 9 años en Islandia tiene sobrepeso. Si bien la situación no es tan mala como la de otros países, por ejemplo en los Estados Unidos la obesidad afecta a uno de cada 3 chicos de esa edad, es sin embargo un desarrollo alarmante.
Estos datos fueron obtenidos por el profesor Erlingur Jóhannsson, del departamento de atletismo de la Universida de Islandia. Según el estudio las causas de este cambio hay que encontrarlas en un estilo de vida que excluye el hacer ejercicios y promueve comer mirando televisión,
Demasiado para ser los creadores y el cuartel general de LazyTown! Dónde fueron a parar los ejercicios? Quiero decir, hasta una pequeña redonda como yo hacía gimanasia varais veces a la semana e iba a los campos de futbol en el verano para mantener mi salud.
Cuándo fue que la consola de juegos Wii se comenzó a considerar como un deporte? Ok, usted puede jugar un tennis o un golf genial en ella, pero desde cuándo un juego de computador puede reemplazar a una carrera o una patinada en roller alrededor del edificio?
Acorde con el informe de Jóhannsson, el número de obesos y de chicos con sobrepeso ha crecido en forma exponencial en los últimos años, y hay predicciones acerca de que las cosas no sólo van a ponerse peor, sino que lo que sigue son las complicaciones a largo plazo como consecuencia de ese sobrepeso.
La conclusión del estudio es que los maestros deben incorporar más ejercicos y actividades al aire libre en la currícula, y la familia debe estar también presente y educada en la importancia del ejercicio y la comida sana.
Nanna Árnadóttir – nannaa@hotmail.co.uk

Fuente: Iceland Review OnLine

sábado, 9 de agosto de 2008

Sobrepeso y problemas en bebés

Nuevos estudios indican que las consecuencias del sobrepeso aparecen en edades mucho más tempanas que lo que se suponía. Situaciones como retraso en el desarrollo y problemas respiratorios se dan como consecuencia del exceso de peso en la infancia y la niñez.

Asi lo afirman dos estudios desarrollados en el Centro Médico Bnai Zion, en Haifa, Israel.
El jefe del equipo, el Dr. Ron Shaoul, indicó que "hay que intervenir durante esos años críticos a través de hábitos alimentarios adecuados y un estilo de vida activo".
El primer estudio incluyó a 2.139 bebés de hasta 2 años hospitalizados en el Centro Médicopor cualquier motivo entre el 2004 y el 2005.
El segundo estudio fue poblacional e incluyó entrevistas con padres para evaluar la salud de 79 bebés con sobrepeso y 144 bebés con peso normal.
Los bebés tenían sobrepeso cuando el índice de masa corporal (IMC) superaba el percentil 85 para la relación entre la talla y el peso en dos o más mediciones, con un intervalo de por lo menos 3 meses. Esto significa que el 85 por ciento de los niños de esa edad y género tiene un IMC menor.
En el primer estudio, el equipo halló que los bebés entre los percentiles 85 y 94 para la talla y el peso tenían menos hospitalizaciones y rehospitalizaciones que aquellos con peso normal.
Con todo, se registraron tasas más altas que lo esperado en la mayoría de los bebés con sobrepeso (percentil 95 o superior).
En el segundo estudio, el equipo observó que los bebés con sobrepeso eran más propensos que sus pares con peso normal a sufrir retraso del desarrollo y ronquidos.
Asimismo, se obtuvo evidencia de que el asma y otros problemas respiratorios eran más frecuentes en los bebés con sobrepeso.
Al entrevistar a los padres, apenas el 32 por ciento de las madres con un hijo con sobrepeso pensaba que el niño tenía sobrepeso.
Los padres, concluyó el equipo, deben tomar conciencia de que hasta los bebés tienen riesgo de sufrir las consecuencias del sobrepeso y, por lo tanto, deberían hacer todo lo posible para que sus hijos recuperen el peso normal.

FUENTE: Reuters

Dormir poco, engordar mucho

Según un estudio, niños y adolescentes que tienen una hora menos de sueño total tienen el doble de probabilidad de tener exceso de peso.

Eso es lo que indica un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry recordando que en los últimos 30 años se ha triplicado la tasa de obesidad entre los niños con edades de seis a 11 años y que el 17% de los adolescentes en los Estados Unidos ahora tiene exceso de peso o es obeso.
Según esa revista, el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburg, estudió 335 niños y adolescentes, con edades de siete a 17 años, durante tres noches consecutivas, observando el sueño de los participantes mediante la polismonografía, que permite evaluar las distintas fases del sueño.
Los investigadores comprobaron que una hora menos de sueño total está relacionada con una duplicación de las probabilidades de tener exceso de peso, y que una hora menos de sueño con movimientos rápidos de los ojos (Rapid Eye Movement), está vinculada con un aumento de tres veces de esas probabilidades.
"La relación entre el sueño más corto y el exceso de peso podría atribuirse a la interacción de cambios de conducta y cambios biológicos provocados por la privación del sueño", indicaron los autores.
La pérdida de sueño causa cambios en los niveles hormonales que pueden afectar el apetito, y también da al individuo más horas en la que permanece despierto y puede comer.
Además la pérdida del sueño contribuye a la fatiga al día siguiente, lo cual puede disminuir la actividad física y el gasto de calorías.
Dado que el exceso de peso entre los niños y los adolescentes continúa aumentando, y que la insuficiencia crónica de sueño es más común en la sociedad, las intervenciones que hagan las familias y las escuelas para mejorar los hábitos de sueño pueden tener importantes consecuencias en la prevención de la obesidad y la diabetes en los niños, agrega el artículo.
Fuente: EFE

sábado, 14 de junio de 2008

Engordar consumiendo productos dietéticos.

Los alimentos con bajo contenido de grasas vienen contribuyendo a la epidemia de obesidad en Estados Unidos, en la última década , según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA).

El verdadero problema es que las personas creen que pueden comer cantidades ilimitadas de galletas con poca grasa, yogures congelados y dulces. Aunque estos alimentos contienen menos grasa que las versiones originales, suelen tener más azúcar e incluso más calorías y son consumidos sin límite de cantidad.
Para prevenirlo se recomienda leer las etiquetas sobre nutrición y comparar el número de calorías de cada porción con el número de porciones en el paquete de comida.
Así, el escoger productos alimenticios frescos y ricos en fibra permite a una persona consumir grandes cantidades con pocas calorías, relativamente, porque produce una sensación de saciedad. "Los alimentos bajos en grasa que ofrecen más cantidad y fibra pueden reducir la sensación de hambre por un período más largo", dijo Wylie-Rosett, de la Facultad de Medicina Albert Einstein, en el Bronx, Nueva York.
Los consejos de los especialistas en nutición llegan en una época en que los índices de obesidad no tienen precedente en Estados Unidos y en otros países. Aunque las personas en Estados Unidos han seguido el consejo del gobierno y reducido el aporte de grasas durante los últimos 50 años, continúan engordando. Algunos estudios han mostrado que el índice de obesidad se ha duplicado en Estados Unidos en los últimos 20 años, mientras que el número de personas con diabetes tipo II, una enfermedad originada por el exceso de peso, aumentó en un tercio durante la década de los noventa. Algunos niños de sólo 10 años están siendo diagnosticados ahora de diabetes de tipo II, conocida con anterioridad como diabetes del adulto, ya que afectaba a las personas en la década de los 40 años y mayores.
El comunicado de la AHA recomienda que las personas que desean adelgazar y mantener un peso saludable sigan la guía de la pirámide de los alimentos y pongan una especial atención en el tamaño de las porciones. Una porción de carne, por ejemplo, debe pesar sólo tres onzas o ser aproximadamente del tamaño de una baraja. Media taza de pasta equivale a una porción de carbohidratos. Según la pirámide, alrededor del 60 por ciento del aporte calórico diario de una persona debería provenir de los carbohidratos, como los cereales integrales, las frutas y los vegetales. Las calorías diarias provenientes de la grasa no deberían exceder el 30 por ciento diario, y menos del 10 por ciento debería proceder de las grasas saturadas que se encuentran en los productos animales, como la carne y los lácteos con grasa. Los alimentos ricos en proteínas deberían aportar el 15 por ciento de las calorías.
La AHA también recomienda que las personas eviten cantidades excesivas de sustitutos de la grasa, como el olestra, que se encuentra fundamentalmente en los alimentos que sirven de aperitivos. El olestra pasa por el tubo digestivo sin absorberse y puede originar trastornos digestivos, indicaron los autores en el informe publicado en la edición del 11 de junio de Circulation: Journal of the American Heart Association. Este producto también puede afectar la absorción de ciertos nutrientes, como las vitaminas D y E, y, hasta el momento, no está claro cómo el olestra interactúa con los medicamentos y con otros ingredientes en los productos alimenticios.

Fuente: Reuters

sábado, 24 de mayo de 2008

Dietas para engordar

Contra el imperativo actual que impone personas ultra delgadas, transcribimos esta nota solicitada por gente que quiere consejos para aumentar de peso en forma saludable.
En tiempos en que las noticias apuntan a cómo lograr un "ideal" de delgadez, Infobae.com se animó a ir contra la corriente. Fue a raíz del pedido de varios lectores, que consultamos a la licenciada en Nutrición Leticia Radavero para saber por qué una persona puede comer "de todo" sin engordar y cómo debería hacer para ganar peso sin perder salud.
"Es más difícil engordar a una persona que hacerla adelgazar", aseguró sin dudarlo la profesional, quien destacó que hay dos puntos "básicos": Elegir alimentos de alta densidad calórica (esto es, aquellos que en poco volumen tengan muchas calorías, dado que este tipo de personas suelen tener menos apetito y no llegan a cubrir el valor calórico total). Por este motivo, lo ideal es incorporar cuatro comidas principales y por lo menos dos colaciones -y no solamente dos comidas principales-.
Así, Radavero aconsejó, por ejemplo, las frutas secas (ocho almendras aportan 100 calorías) o desecadas, como los orejones o los higos secos, que al perder el agua, queda un concentrado de azúcares, y por ende, un gran aporte calórico (3 higos desecados aportan 100 calorías) son una excelente opción como snack entre comidas. Otros alimentos que son de gran ayuda son el dulce de batata o membrillo y los merenguitos ya que aportan estos últimos proteínas y azúcares.
El otro ítem a tener en cuenta es la "termogénesis de los alimentos", o sea, el "gasto" en calorías que el organismo hace para digerir lo consumido. "Cuanto más procesado, menos gasto calórico", explicó la profesional, quien especificó que "al revés de los que tienen que bajar de peso, deberán procurar ahorrarle trabajo al estómago". Por lo que será preferible el jugo exprimido, en lugar de la naranja, el licuado de banana en vez de la fruta entera, o el puré de papas en vez del vegetal hervido y enfriado. "Este tipo de individuos suelen tener más masa muscular que grasa, y el músculo quema muchas calorías (cada 500 gramos de músculo se queman 50 calorías), por lo que la tasa metabólica del gasto por mantenerse es mayor", remarcó Radavero.
Enriquecer las preparaciones, otra de las claves
¿Quién no querría tomar un licuado que en lugar de agua tenga leche? ¿Y si la dieta tiene el `permitido` de agregarle helado de crema? Eso, sin más, es lo que deberían hacer las personas que necesitan o desean engordar."Al puré de papa se le puede adicionar leche en polvo, crema o un huevo, para así en el mismo volumen incorporar más calorías a través de proteínas -o más grasas en el caso de la crema-", apuntó la nutricionista. Asimismo, aconsejó que el licuado, en lugar de con agua, se puede preparar con yogurt entero, helado de crema o leche entera, así como también se lo podrá "enriquecer" con crema o leche en polvo.
"La polimerosa es una azúcar que no aporta sabor dulce pero sí calorías (20 calorías por cucharadita de te)", informó Radavero. Por lo que ésta podría ser otra opción a la hora de endulzar el desayuno o la merienda además del azúcar: "Una alternativa sería preparar la leche (entera) con cacao en polvo + leche en polvo + azúcar + polimerosa, lo que se podrá acompañar con rebanadas de pan desecado al horno (dado que así tardan menos en digerirse)".
Radavero remarcó que "lo ideal es engordar de la manera más saludable, no sólo con la incorporación de grasas", a lo que agregó que también se debe “cuidar la calidad de las grasas que se consumen”.La profesional destacó que si la persona está "muy por debajo de su peso, siempre está la opción de tomar suplementos". Estos son polvos o productos listos para consumir ricos en calorías y enriquecidos en vitaminas y minerales. E insistió: "Entre comidas se pueden comer frutas desecadas o secas y a modo de postre, queso y dulce o postres de leche".
Actividad física ¿sí o no? Según aconsejó Radavero, si el Índice de Masa Corporal (IMC) da por debajo de 18.5 la persona "está en delgadez". "En ese caso, el sistema inmune está decaído, y la persona tendrá menos resistencia a las enfermedades", por lo que debería hacer un ejercicio moderado y lo menos aeróbico posible. Preferir las caminatas al trote o correr, o una gimnasia modeladora, en detrimento de otras que impliquen más gasto de calorías, serían algunas de las alternativas.
Fuente: Infobae.com

miércoles, 21 de mayo de 2008

Las grasas extras activan la sensación de hambre

Un descubrimiento médico indica que las grasas extras que llevamos acumulados en el abdomen pueden generar compuestos metabólicos hormonales que activan la sensación de hambre. Esto, a su vez, estimula la acumulación de más grasas y un circuito cerrado que tiende a generar una mayor obesidad.

Un trabajo del doctor Yaiping Yang y sus colegas del Lawson Health Research Institute, que pertenece a la Universidad de Western Ontario, en Canadá, que los tejidos grasos abdominales pueden reproducir una hormona que estimula, a su vez, la producción de nuevos tejidos grasos. Y, como suele ocurrir en un tema tan sensible a la estética y a la salud, Yang y sus colegas se esperanzan con el hecho de que este descubrimiento ayude a cambiar la manera en que se previene y se trata la acumulación de grasa abdominal.
Básicamente, Yang y tu equipo lograron identificar que los tejidos grasos del abdomen generaban una hormona denominada Neuropeptido Y (NPY). Hasta ahora se pensaba que esta molécula sólo se generaba en el tejido cerebral y , por ende, que una de las principales razones por la que la gente con sobrepeso come en forma mórbida es porque su cerebro produce cantidades excesivas de esta hormona.

Pero Yang y su equipo estudiaron el metabolismo de ratas obesas y comprobaron que la NPY también se generaba en forma local en el tejido adiposo abdominal de las ratas.
Se genera así una especie de círculo negativo ya que la NPY que se genera en el cerebro estimula la creación de células de grasas. Pero luego esas células generan más NPY, que a su vez causan más sensación de hambre y el círculo negativo se reproduce.
Hace ya tiempo se sabe el estar pasado de peso, independientemente del lugar del cuerpo donde la grasa de más se encuentre en el cuerpo, es perjudicial para la salud.
Sin embargo, debido a su ubicación anatómica y sus derivados, la grasa abdominal o la forma de manzana es conocido por ser la más peligroso. Las personas predispuestas a la forma de manzana se encuentran ante un un elevado riesgo de enfermedades del corazón y la circulación, diabetes tipo 2, hipertensión y algunos tipos de cáncer.
Ahora, los investigadores quieren comprobar si esta hormona NPY producida por la grasa corporal se libera y circula por el cuerpo a través del sistema circulatorio.
Si los investigadores constatan que la NPY, de hecho, se transporta por medio de la circulación sanguínea entonces podría pensarse en desarrollar una simple prueba de sangre para detectar el aumento de los niveles de NPY. Si se puede detectar NPY e identificar más fácilmente a los que están en riesgo de obesidad abdominal, podríamos entonces mejorar y prevenir de manear más eficaz esta causa de obesidad, tratando de modular la producción de NPY.
Sería mucho más fácil recurrir a medicamentos para prevenir la obesidad que a tratar a las enfermedades causadas por la obesidad.

miércoles, 23 de abril de 2008

Por qué algunas dietas fracasan a largo plazo?

Por qué las dietas extremadamente hipocalóricas fracasan a largo plazo. Estudios internacionales muestran que el peso pérdido se recupera al año.
Aunque provocan un rápido descenso de peso, las dietas hipocalóricas no son efectivas a largo plazo. Esa es la conclusión de un estudio publicado recientemente en la revista médica American Psychologist. El estudio –un metaanálisis que revisó numerosos estudios previos sobre el tema– muestra que entre 1 y 2 tercios de quienes se someten a planes alimentarios de menos de 1000 calorías diarias recuperan al año los kilos que habían perdido. Es el famoso "efecto rebote" que comprueban la mayoría de los que hacen dieta: subir como un avión los kilos que se habían bajado con esfuerzo y privaciones. Además, el estudio también halló que este tipo de dietas no generan mejoras en los niveles de colesterol, de presión arterial o de glucosa en sangre, por lo cual sus efectos son más contraproducentes que saludables. "Hoy existen contundentes evidencias de que las dietas de muy bajas calorías (menos de 1000 calorías diarias) son menos efectivas que las de bajas calorías (1200 calorías diarias)", comentó a La Nacion la doctora Mónica Katz, directora de la Carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro. Hay un consenso médico de que una dieta para bajar de peso no debe proveer menos de 1200 calorías al día, que es el umbral mínimo saludable. "Ante ese déficit calórico nuestro organismo genera un mecanismo de defensa que consiste en funcionar en modo ahorro", agregó Katz. Así, el metabolismo se vuelve más lento para gastar menos calorías y dispara señales de hambre. Por eso son tan frecuentes los atracones tras el período de privación. Para el doctor Alberto Cormillot, director del Instituto Argentino de Nutrición, "las dietas rápidas no son de ninguna manera la solución para una enfermedad crónica como es la obesidad. Un tratamiento para una persona obesa debe ir en contra de la química y los hábitos, que ya sabemos que no se pueden modificar de un día para el otro". Lento pero firme Hoy, el éxito de un tratamiento para adelgazar es "perder el 10% del peso inicial y mantenerlo por lo menos un año", señaló la doctora Katz. "El abordaje moderno es bajar en etapas, así el cuerpo y la mente se adaptan al nuevo estado; los que nos rodean y nuestro estilo de vida, también", agregó. "Los cambios hay que ir introduciéndolos de a poco –coincidió el doctor Cormillot–, de acuerdo con las posibilidades de cada uno. Así como se recomienda comer poca cantidad varias veces, también se debe distribuir el ejercicio físico a lo largo del día", señala. Lo ideal es hacer al menos 30 o 40 minutos de ejercicio diario, en 6 oportunidades: 5 minutos al levantarse, 5 minutos antes de ir al trabajo (dejar el auto o bajarse del medio de transporte 10 cuadras antes), 5 minutos en el trabajo dos veces (movimientos de pies y de hombros que se pueden hacer en la silla, caminar un rato o subir y bajar la escalera), 5 minutos al volver a casa y 5 minutos más a la noche, por ejemplo, levantando las piernas mientras uno mira la tele. Por último, Cormillot destacó: "Cualquier dieta que uno haga y luego deje, vuelve a subir de peso. Si la dieta es muy estricta, la suba de peso es mayor porque hay una revancha del cuerpo y la mente. Por eso la mayor cantidad de casos de bulimia se dan en personas que hacen dietas exprés. Lo que hay que lograr es un cambio de hábitos haciendo propias conductas que vienen de afuera". María Naranjo La dieta mediterránea "Una dieta apropiada no debe tener menos de 1200 calorías y debe ser lo más parecida a la cocina mediterránea", propone el doctor Alberto Cormillot. ¿Cómo es la dieta mediterránea? "Poca carne, muchas frutas y legumbres, hortalizas, pescado de mar, panes integrales, frutas secas, aceite de oliva, un poco de vino, semillas de lino y germen de trigo. Es importante agregar lácteos descremados y superalimentos como el brócoli y el tomate, que previenen ciertos tipos de cáncer. Para darse algún gusto, se puede sumar una tableta de chocolate negro, que tiene sustancias cardioprotectoras." El peso ideal "El éxito de un tratamiento para adelgazar no es más que la distancia entre nuestra expectativa y nuestro resultado", dice la doctora Mónica Katz, de la Universidad Favaloro. "Por lo tanto, debemos proponernos objetivos reales: un cuerpo cómodo, sano, con el mejor peso posible, y no con el peso ideal." Como todo aprendizaje, esto lleva un tiempo de práctica. Hay que preparar un ambiente seguro de comida (sin tentaciones a la vista) tanto en la casa como en el trabajo.


Fuente: LaNación.com

domingo, 20 de abril de 2008

Dormir para adelgazar

Diversos estudios ponen de manifiesto la existencia de un neurotransmisor clave en la regulación de sueño y del apetito
La obesidad es la epidemia del siglo XXI; mil millones de personas en el mundo tienen un peso superior al recomendable y es evidente que no se trata tan sólo de una cuestión estética sino que incide directamente en la salud y en la calidad de vida. Comer menos y hacer más ejercicio ayudan a mantener el peso pero lo que no se sabía es que dormir más podría ser una buena manera de luchar contra la obesidad.
Pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo y descansar bien es importante para gozar de buena salud. Comer y dormir son hechos fundamentales en nuestra vida que, actualmente en las sociedades occidentales, están fuera de control: cada vez dormimos menos y comemos más. El número de horas de promedio de sueño ha disminuido desde las ocho o nueve que se invertían en 1960 a menos de siete en la actualidad. Se impone la idea de que en una sociedad apresurada como la nuestra, el dormir es una pérdida de tiempo y que hay mejores formas de aprovecharlo.
Los mecanismos biológicos del apetito y del sueño
De forma paralela, la gradual reducción en las horas de sueño ha ido paralela a un progresivo incremento de peso, por lo que investigadores expertos en el tema de la obesidad, se han preguntado acerca de si el hecho de que cada vez durmamos menos puede tener alguna relación con que cada vez estemos más gruesos. La idea no es tan descabellada como pueda parecer a primera vista ya que resulta verosímil que existan mecanismos biológicos cerebrales que interconecten y controlen ambas cosas.
En términos evolutivos, la relación entre sueño y apetito es vital. Un ratón debe comer para permanecer vivo y estar despierto para huir, por lo que se necesita un mecanismo que reconozca que los niveles de energía están bajos y le despierte para encontrar comida. Posiblemente los humanos tengamos un sistema de control similar, como cuando nuestros ancestros luchaban contra el hambre y algo les mantenía alerta, impulsándoles a buscar comida. Pero ahora, hay algo que nos mantiene más horas despiertos y que se introduce en nuestro cerebro impulsándonos a buscar en el refrigerador calorías extras que no podremos quemar.
Dormir para adelgazar
Los niños que duermen poco desde los tres años, tienen más probabilidad de sobrepeso a los siete
En una publicación reciente, la revista Nature recoge las últimas investigaciones relevantes sobre la correlación entre dormir poco y el sobrepeso. Uno de los trabajos, efectuado en la Universidad de Columbia (Nueva York), estudió la relación entre el hábito de sueño y el índice de masa corporal de 9.500 personas. Los datos revelan que los individuos que dormían menos (una media de cinco horas), eran un 60% más obesos que los que dormían siete horas o más (corrigiendo otros factores que podían estar implicados como el tabaco o la actividad física, entre otros). Otra investigación realizada con niños (Reino Unido) pone de manifiesto que aquellos que dormían menos de lo necesario desde los 3 años, tenían más probabilidad de padecer sobrepeso a los 7 (también tras corregir factores como el sobrepeso en los padres o el tiempo que pasaban viendo la televisión).
¿Por qué las personas obesas duermen menos? ¿Es una causa o una consecuencia? Podría ser que los obesos durmieran menos precisamente porque al tener sobrepeso no gozan de buena salud y esto les impide descansar bien o quizás lo que ocurre es que, al no dormir bien, cansados e irritables, pierdan la motivación de comer saludablemente o hacer ejercicio. Seguramente estas cuestiones pueden jugar un papel pero es probable que haya otros motivos más profundos.
Eve Van Cauter, de la Universidad de Chicago (Illinois), lleva a cabo investigaciones sobre los efectos que tiene la deprivación del sueño en los niveles hormonales. En uno de sus trabajos, 12 hombres jóvenes fueron sometidos a una privación de sueño permitiéndoles dormir sólo cuatro horas por noche durante dos días consecutivos. Se determinaron los niveles hormonales de leptina, hormona relacionada con las células grasas y las señales de saciedad, y la grelina, producida por el estómago para alertar del apetito. Los resultados obtenidos se compararon con los niveles de individuos sanos que habían dormido nueve horas cada noche. Tras la privación, los niveles de leptina habían aumentado en un 18% y los de grelina en un 28%. Al mismo tiempo, manifestaron estar hambrientos y les apetecían más los hidratos de carbono (como galletas, pan y pasteles, entre otros) que las frutas, verduras y proteínas.
A pesar de que todos los estudios realizados hasta ahora llegan a la misma conclusión, todavía no está claro cuál es el mecanismo celular y molecular que provoca estos cambios. Los investigadores creen que hay superposiciones entre los sistemas cerebrales que regulan el apetito y los que regulan el sueño; el foco de atención se centra en unas células del hipotálamo y en concreto en una de las proteínas que producen, la orexina, que parece tener un papel clave.
La Orexina, regulador del sueño y del apetito
El neurotransmisor orexina, también llamada hipocretina, fue descubierto simultáneamente por dos grupos de investigadores en 1998 y estudios posteriores han demostrado su papel en la regulación del sueño y la vigilia, así como en el apetito. Actualmente la investigación se centra en la forma en la que la orexina está implicada en la deprivación del sueño y la obesidad. Una de las ideas es que la falta de sueño interfiere en el ritmo circadiano normal del hipotálamo, estimulando la actividad de las neuronas orexinicas. Se postula que esto puede afectar a su vez la producción de leptina, grelina y quizás otras hormonas que controlan el apetito.
Un estudio realizado en la Universidad de Yale (EE.UU.) encontró que las neuronas orexinicas tienen un umbral de activación bajo y que la falta de comida durante la noche activa la formación de nuevas sinapsis que las estimula, como en un intento de buscar y conseguir comida. Los autores sugieren que estas neuronas también se estimulan fácilmente con el estrés.
Por otra parte, una investigación coordinada por Denis Burdakov de la Faculty of Life Sciences de Manchester (Reino Unido) corrobora el papel de la orexina en la regulación del sueño, haciendo hincapié en la función de la siesta. Los resultados publicados en Neuron demuestran cómo la glucosa bloquea a las neuronas que producen orexina, explicando en parte el porqué nos sentimos somnolientos después de las comidas y porqué es difícil dormir cuando se está hambriento. Según los expertos, el malfuncionamiento de las neuronas de orexina podría conducir a trastornos del patrón de sueño y a desórdenes alimentarios.
Estudios anatómicos también revelan que las neuronas de orexina se encuentran en regiones cerebrales asociadas a los circuitos de placer y recompensa. Recientemente se ha dado un nuevo protagonismo a este neurotransmisor gracias a una investigación del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) que demuestra el papel de la orexina en la búsqueda de recompensa y la adicción a las drogas. Estos descubrimientos proporcionan una nueva fuente para desarrollar fármacos que traten trastornos del proceso de recompensa, como la adicción a las drogas, al alcohol y al tabaco.

Fuente: Teresa Romanillos en Consumer.es

martes, 15 de abril de 2008

Dormir bien ayuda a bajar de peso

PARIS (AFP).– Para adelgazar, dormir un poco más parece ser el mejor consejo, si se tienen en cuenta los numerosos estudios publicados que asocian falta de sueño con obesidad. "Dormir más podría ser un buen consejo para estabilizar el peso o adelgazar y así luchar contra el sobrepeso y la obesidad", adelanta Karine Spiegel, investigadora en un organismo público francés (Inserm). Si comer demasiado y no moverse lo suficiente juegan claramente un papel en el sobrepeso y la obesidad, datos recientes sugieren que no dormir lo suficiente también sería un factor de riesgo ampliamente subestimado. Unos treinta estudios desarrollados en siete países en amplios grupos poblacionales, muestran un vínculo entre la falta de sueño y el sobrepeso o la obesidad en los adultos y los niños, añade Spiegel, doctora en neurociencias. En la segunda mitad del siglo XX, el rápido aumento en la frecuencia de la obesidad en Estados Unidos se desarrolló de forma paralela a la disminución progresiva del tiempo dedicado a dormir, destacó la investigadora. "Hemos demostrado que una reducción del sueño (dos noches de cuatro horas) estaba asociado a una reducción en 18% de la leptina anorexígena (que corta el hambre) y a un aumento del 28% de la grelina, que al contrario, abre el apetito", explicó, refiriéndose a las dos hormonas claves que se producen de noche y que regulan el hambre. La grelina es segregada por el estómago y la leptina por las células adiposas. "Esas modificaciones hormonales estaban, en efecto, asociadas a un aumento del hambre y del apetito", explicó.

Fuente: LaNación.com

sábado, 12 de abril de 2008

Desayunar reduce el riesgo de sobrepeso

NUEVA YORK (The New York Times).- Un equipo de investigadores norteamericanos hallaron evidencias que sugieren que mamá tenía razón: el desayuno quizá sea la comida más importante de todas. Un nuevo estudio muestra que cuanto más frecuente es el hábito de desayunar entre los adolescentes, menores son las probabilidades de que tengan sobrepeso. Los científicos examinaron los hábitos alimentarios y de actividad física de 1007 chicos y 1215 chicas con una edad promedio de 15 años al comienzo del estudio. Encontraron una relación directa entre la costumbre de desayunar y el índice de masa corporal (IMC): cuanto más frecuentemente lo hacían los adolescentes, menor era su IMC. No está claro por qué desayunar lleva a tener menos kilos de más. El trabajo halló que quienes desayunaban consumían grandes cantidades de carbohidratos y fibra, pero menos calorías en forma de grasa y realizaban más ejercicio. El consumo de alimentos ricos en fibra probablemente mejore los niveles de insulina y glucosa, haciendo que las personas se sientan más satisfechas y menos proclives a comer más durante el resto del día. "El consumo de comida durante el desayuno parece influir en la actividad -dijo Donna Sprujit-Metz, profesora asistente de medicina preventiva de la Universidad de California del Sur, que no participó del estudio-. Quizá los chicos que toman desayuno consumen menos alimentos refinados y más que contienen fibra." Patrones alimentarios Para el estudio, que aparece en la revista Pediatrics, los investigadores registraron la ingestión de alimentos e incluyeron preguntas para determinar el comportamiento y las presiones sociales que influyen sobre la alimentación. Por ejemplo, preguntaron si los adolescentes estaban preocupados por su peso, si salteaban comidas para perder peso, si habían recibido burlas relacionadas con su peso y con qué frecuencia habían realizado dietas. También se les preguntó cuánto ejercicio realizaban. Cerca de la mitad de los adolescentes desayunaban intermitentemente, pero las mujeres eran más propensas a saltear esa comida y los varones más tendientes a realizarla. Las mujeres que siempre desayunaban tenían una dieta con más contenido de colesterol, fibra y calorías totales que aquellas que salteaban esa comida; los varones que siempre desayunaban consumían más calorías, más carbohidratos y fibra, y menos grasas saturadas que quienes salteaban esa comida. Al comienzo del estudio, quienes desayunaban todos los días tenían en promedio un IMC de 21.7, de 22.5 quienes desayunaban en forma intermitente, y 23,4 quienes nunca desayunaban. En el transcurso de los 5 años que duró el estudio, el IMC se incrementó según ese mismo patrón.


Fuente: LaNación.com

jueves, 10 de abril de 2008

10 razones para no hacer dieta

Consideradas casi un ritual por aquellos que luchan contra los kilos, cada vez surgen desde la ciencia más voces contrarias a las dietas clásicas y restrictivas. Por qué es mejor olvidar viejos mitos y aprender a comer... que vivir a lechuga y agua


10 ideas falsas sobre las dietas

1. Hacer dieta es la mejor manera de perder peso. En realidad, casi siempre ocurre lo contrario. De hecho, una revisión de investigaciones internacionales publicada el año pasado por la revista American Psychologist concluyó que las dietas hipocalóricas (menos de 1000 calorías diarias) no son efectivas en el largo plazo. Según este trabajo, que incluyó 30 estudios con 2 mil pacientes, entre el 35 y el 70 por ciento de ellos recuperaron al año los kilos que habían bajado. Por otra parte, según señala el doctor Alberto Cormillot, “las dietas, si no están acompañadas de un trabajo de reeducación y contención, suelen fracasar. El mejor tratamiento consiste en cambiar la química y los hábitos, algo que no se modifica simplemente con una dieta”.
2. Todo es cuestión de calorías. ¡Abajo la tablita! O, mejor dicho, hay que armar otra, que preste atención no sólo a las calorías, sino también al poder de saciedad de los alimentos, que se mide según un nuevo parámetro: el índice glucémico (IG). “Se trata de un indicador de la capacidad de los comestibles de elevar el azúcar en sangre después de ser ingeridos”, explica la nutricionista Mónica Katz. Cuanto más alto sea ese pico y cuanto menor sea el tiempo en alcanzarlo, más rápida será la secreción de insulina por parte del organismo y menor su poder de producir saciedad. Por lo tanto, a igual número de calorías, es mejor un alimento con bajo índice glucémico (que provoca mayor saciedad). Por ejemplo, el pan fresco en lugar de tostado, o una banana antes que una manzana.
3. Para adelgazar hay que eliminar pan, pastas y postres. Otro mito que cae. “Las dietas que prohíben alimentos están destinadas al fracaso”, dice Cormillot. Y numerosos estudios científicos lo avalan: según recientes investigaciones, se necesitan 19 alimentos diferentes por semana para no tener carencia de nutrientes. Además, toda dieta debe tener 50% de hidratos de carbono: legumbres, cereales, frutas, verduras y pastas. De la mano de este nuevo concepto, algunos alimentos “malditos”, como los fideos, son con justicia reivindicados: es que la culpa no era de ellos, sino de las salsas. Hoy se pueden incluir en el menú una o dos veces por semana, con algún aliño liviano (de tomates o crema). Los que quieren adelgazar deben preferir los “moñitos” o “tirabuzones” a los spaghetti largos, ya que tienen un índice glucémico más bajo, y por eso mismo causan mayor saciedad.
4. Para bajar de peso hay que eliminar grasas y aceites. Grave error: si el cerebro no recibe grasa y glucosa, dispara la sensación de hambre. “El hipotálamo no sabe de dietas: si le faltan hidratos o lípidos, pone al organismo en sistema ahorro, para que consuma menos”, dice la doctora Katz. Además, los aceites proveen ácidos grasos esenciales, que el organismo no los fabrica (y los incorpora mediante alimentos) para la formación de las hormonas y las membranas de las células. Los lípidos también participan en la absorción y el transporte de vitaminas liposolubles y son fuente de energía. Lo que sí es cierto es que hay que consumirlos con moderación (aportan 9 calorías por gramo) y preferir los de origen vegetal (girasol, maíz, soja, uva, canola, oliva y chía). Otras grasas menos saludables pero que igualmente se pueden consumir en forma ocasional son manteca, mayonesa y cremas.
5. Hay que comer hidratos de carbono y proteínas en comidas diferentes. Las llamadas “dietas disociadas” han resultado ser una estafa para muchos nutricionistas. No hay ninguna prueba de que comer hidratos de carbono y proteínas por separado sea bueno para la digestión o ayude a bajar de peso. Además, muchos de los alimentos más beneficiosos (las frutas secas, las legumbres, etc.) contienen ambos elementos a la vez. ¿Cómo hacemos para separarlos?
Una vez más, la mejor dieta es aquella que incluye la mayor variedad de alimentos, y aquí la regla del 5 x 5: cinco porciones al día de frutas y verduras combinando cinco colores según la estación y la imaginación. Salirse de la mixta-de-lechuga-y-tomate- con-manzana-de-postre, para sumar más verde (rúcula, espinaca, zapallito), rojo (cerezas, frutillas), violeta (repollo, uvas, berenjena), amarillo (morrón, pomelo), naranja (naranjas, duraznos, calabaza) y blanco (papa, mandioca).
6. Los alimentos dietéticos ayudan a hacer dieta. Atención: son un arma de doble filo. Muchos estudios demuestran que, con la excusa de que son “light, bajas calorías, dietéticos”, la gente tiende a consumirlos en mayor cantidad que si se tratara de productos normales. Sin defenestrarlos, el doctor Cormillot recomienda acudir a ellos, pero con cautela. “Light no siempre es sinónimo de dietético –advierte–. Generalmente, los productos light tienen un 30 por ciento menos de calorías o la mitad de las grasas que su versión original.” Pero no son cero calorías. Del mismo modo, no es lo mismo “light” que “bajas calorías”, porque existen alimentos “light” reducidos en sodio, pero con la misma cantidad de grasas e hidratos. O sea, hay que leer las etiquetas y prestar atención a las porciones.
7. Adelgazar es una cuestión de voluntad. Lamentablemente, esta concepción errónea, que no toma en cuenta que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, ha traído mucho sufrimiento a quienes la padecen. La obesidad tiene muchos componentes de adicción en los que se involucran factores bioquímicos, emocionales, culturales y genéticos. La psicóloga Teresa Panzitta afirma que lo fundamental es distinguir las sensaciones de hambre y saciedad (a menudo tergiversadas en el obeso) y el registro de un “stop”, que existe, pero que no puede aceptar. “Esta es la sensación de frustración que aparece cuando sienten que siguieron comiendo y en realidad no se sintieron satisfechos. Uno está lleno, pero no es eso lo que buscaba”, afirma.
8. Para quemar calorías hay que anotarse en un gimnasio o salir a correr. No necesariamente. De hecho, pensar esto es la mejor manera de postergar el inicio de un programa de descenso de peso. Lo que cuenta hoy es un “estilo de vida activo” que implique moverse aun sin zapatillas ni jogging. Así como se ha instalado la idea de dosificar las comidas durante el día, otro tanto debe hacerse con la actividad física. Lo ideal es hacer 30 a 40 minutos diarios de ejercicio, repartidos en seis oportunidades: al levantarse, antes de ir al trabajo (dejar el auto o bajarse del subte o colectivo unas 10 cuadras antes), en el trabajo dos veces (movimientos de pies y de hombros que se pueden hacer en la silla, caminar un rato, subir y bajar la escalera), al volver a casa y por la noche, por ejemplo, levantando las piernas mientras miramos tele. Si estos movimientos se hacen con música, tanto mejor. “Bailar es la mejor receta”, asegura Cormillot.
9. Para adelgazar no hay que comer de noche. Esta idea no tiene ningún sustento científico. Si bien se recomienda cenar frugalmente (por ejemplo, evitar carnes grasosas o salsas pesadas), y separar la comida de la hora de dormir, irse a la cama con hambre es sinónimo de ganarse un insomnio (o un atracón nocturno). En realidad, las calorías no saben de horarios y se queman y almacenan durante las 24 horas. Además “durante la noche hay un aumento de la grelina, una sustancia que favorece el depósito de grasa y se segrega en el estómago cuando está vacío”, explica la doctora Katz. Por otra parte, “cuando no hay presencia de nutrientes en el estómago también bajan los niveles de leptina, que es la hormona que disminuye el hambre y aumenta el gasto metabólico”.
10. Si se duerme menos, se adelgaza. Hoy se duerme, en promedio, seis horas diarias, dos menos que en los años 70. Y quedarse despierto mirando televisión, chateando, o salir hasta la madrugada, aunque tengamos que ir al trabajo o al colegio a las 8, se paga con kilos de más en la balanza. Diversas investigaciones (entre ellas, una de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña, que revisó una decena de estudios anteriores) demuestran que dormir menos de 7 horas se relaciona con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. “Esto ocurre justamente porque en las personas con hábitos nocturnos y que duermen en forma insuficiente aumenta la grelina y disminuye la leptina”, explica Katz. Y como se vio en el punto anterior, el cóctel de grelina en alza y leptina en baja favorece la obesidad en lugar de combatirla.
10 razones para no hacer dieta

1. Cuanto más rápida es la dieta, más velozmente se recupera el peso perdido. Es el famoso “efecto rebote”. O subir como en avión lo que se bajó trabajosamente por la escalera. Para evitarlo, hay que tratar de ir más despacio y paso a paso: “Hoy, el éxito de un tratamiento para adelgazar implica perder el 10% del peso inicial y mantenerlo por lo menos un año”, dice la nutricionista Mónica Katz. El abordaje moderno es ir por etapas. Así, el cuerpo y la mente se adaptan al nuevo estado.
2. Después de la privación, llega el atracón. Dice la nutricionista Mónica Katz: “Cualquier dieta que uno haga y luego deje, vuelve a subir. Y cuanto más estricta haya sido la dieta, mayor será la suba de peso. Porque hay una revancha del cuerpo y de la mente”. Por otra parte, confirma la psicóloga Teresa Panzitta: “Toda restricción incrementa el deseo”. Por eso, hacer dietas restrictivas provoca un aumento de los pensamientos obsesivos respecto del cuerpo y de la comida, y con esto se genera un círculo vicioso de prohibiciones y atracones difícil de cortar.
3. Vivir a dieta hace funcionar al organismo en “modo ahorro”. Desde el punto de vista fisiológico, el organismo está preparado para la escasez, no para la sobreabundancia de alimentos y estímulos como la que existe hoy. “Esto hace que, ante la falta de alimentos, el metabolismo se vuelva automáticamente más lento para gastar menos calorías”, explica la nutricionista Mónica Katz. Y, a la vez, dispara señales de hambre para alertarnos de que debemos comer para recargar energías.
4. La mayoría de las dietas no son saludables. Según el metaestudio publicado por American Psychologist, “las dietas hipocalóricas no aportan la cantidad de nutrientes necesarios para un buen funcionamiento del organismo”. Y adicionalmente a esto, “tampoco generan mejoras en los niveles de colesterol, hipertensión o glucosa en sangre”. Razón de más para no embarcarse en ellas.
5. Muchas dietas van a contramano de las costumbres y los hábitos sociales. Comer es un hecho social que va mucho más allá de lo fisiológico. Implica sentarse a la mesa y compartir con otros. El hecho de comer cada vez más solos y apurados, o frente al televisor en lugar de hacerlo a una mesa, también predispone a la obesidad, ya que se pierde la noción de las porciones y las cantidades. Por otra parte, toda dieta que implique horarios o tipos de alimentos diferentes de los que consumimos habitualmente se vuelve muy difícil de seguir y rápidamente se abandona.
6. Cuando una dieta fracasa, sobrevienen la frustración y la culpa. Estos sentimientos disparan el deseo de comer como forma de expiación, lo que no hace sino “alimentar” un fatídico círculo vicioso. “Si bien existe una luna de miel”, en la que la dieta se cumple y se baja de peso, después el obeso no aguanta más y vuelve a subir”, dice la psicóloga Panzitta. “Y esto no le pasa porque se autoagrede, es transgresor o se porta mal. Le pasa porque el estar permanentemente a dieta hace que surjan actos de rebeldía por la comida. Por eso, muchas conductas compulsivas se originan, en realidad, en años y años de dietas.”
7. Las personas delgadas no viven a dieta. Simplemente adquirieron hábitos saludables de alimentación, que van desde la compra de los alimentos hasta la forma de cocinarlos, la de comerlos, y el equilibrio entre las calorías que ingieren y las que consumen.
8. Las dietas provocan estrés. Nuestro organismo está preparado para estresarnos frente a la falta de alimento. Pero este mecanismo de supervivencia que nos salvó de morir de hambre en el pasado, hoy se nos vuelve en contra por la superabundancia de alimentos y los múltiples estímulos que nos incitan a comer (la publicidad, los medios, el aburrimiento). Y este estrés, que se suma al estrés cotidiano de nuestra vida, hace que paradójicamente recurramos a la comida como forma de calmarnos. Con lo que, otra vez, alimentamos el círculo vicioso.
9. El descenso de peso logrado por las dietas raramente se mantiene en el tiempo. Y esto lo saben muy bien todos los gorditos, que conocen y han probado todo tipo de dietas. Con cualquiera de ellas se puede bajar de peso. Lo difícil es mantenerse. Volviendo al metaestudio de American Psychologist: “A los cuatro años de haber emprendido la dieta, entre uno y dos tercios de las personas recuperaron más peso que el que tenían antes de empezarlas”. Francamente, desmoralizador.
10. La obesidad es demasiado compleja para curarla con una dieta. La obesidad tiene componentes genéticos, hereditarios, culturales, hormonales, metabólicos y emocionales, que requieren un trabajo interdisciplinario. En tanto, “el éxito de un tratamiento para adelgazar es la distancia entre nuestras expectativas y el resultado –dice Mónica Katz–. Por lo tanto, hay que plantearse objetivos reales y no ideales, preparar un ambiente seguro (sin tentaciones a la vista), y saber que, como todo aprendizaje, requiere tiempo y esfuerzo. No hay magia.”

Fuente: María Naranjo en LaNación.com